Querido diario, hoy vengo a contarte algunas hazañas de mi alocada vida. Empecemos por lo mas sencillo y a la vez lo mas complejo. Hoy te vengo a hablar de mi. (Antes de empezar a escribir en su diario, coge su boli preferido ese que tantas veces ha escrito entre sus manos y se apoya en la testera de su cama) Aquí estoy otra noche mas, ahogando mis penas en tus paginas, me gustaría que pudieras hablarme y así no me sentiría tan sola cada vez que paso este tiempo contigo (era algo que hacia todas las noches, hasta las que llegaba a las tantas de la mañana, era su rincón favorito el único en el que podía ser realmente ella).
Hoy ha sido un día como otro cualquiera, otro día mas de esos en los que deseas que pase el tiempo, que corra la aguja del reloj, pero en realidad no lo hace. Miras el reloj una y otra vez, y no avanza. Las horas se hacen eternas. Eso si, se perfectamente que cuando roce mi cama el tiempo pasara volando, en un abrir y cerrar de ojos y que mañana sera otro día igual a hoy. Otro día mas sin verle, sin ver su sonrisa, sin mirar sus ojos, sin oír esa risa que tantas veces he tenido gravada en mi memoria. ¿Te soy sincera?, no aguanto mas. Necesito verle, oírle... aunque el no me haga caso. Esto es absurdo, te quería hablar de mi y he acabado hablando de el como siempre.. pero no hoy vengo ha hablar de mi. Esa chica que no se sabe muy bien si rubia o castaña, algo alocada y que por muchos temporales que vengan siempre sale a flote sin importarla nada. Esa que disfruta tan solo con la letra de esa canción y que es capaz de escucharla una y mil veces aunque se la sepa de memoria. Esa que duerme abrazada a una almohada para que la soledad de su cama no se le haga tan inmensa, esa que a sonreído mil y una vez sin tener ganas de hacerlo, solo por ser feliz o aparentar serlo, por el simple hecho de que ella vale mas de lo que diga nadie. Esa que prefiere verse mal a si misma antes que ver mal a los que de verdad la importan. Esa imperfecta en todos los sentidos, esa soy yo como un diente de león que con el mas simple roce del viento se puede deshacer en mil y un pedazos.